CALAVERA 3.
Ese que en un tiempo tuvo
su castillo chipocludo
y carruajes a montón,
recibió una maldición
de parte de la Calaca
cuando le dijo “ya basta
de chayotear en pasillos,
de vender favor a grillos,
a polacos más que chuecos
y a aspirantes bien culecos”.
Pues la maldición llegó.
Y al ya no estar recibiendo
los millones del gobierno,
murió agobiado en hilachas
y endrogado hasta las cachas.
Y en vez de duelo obligado
hay festejo en general
porque al fin ha terminado
en la comarca ese mal.
Y con deseos valederos
la gente reza en el templo
para que los herederos
no sigan el mal ejemplo,
y cual Ave Fénix logren
un quehacer así ejemplar
que muy pronto haga olvidar
los tiempos malos, sin orden.
viernes, 2 de noviembre de 2007
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