Hay otra historia triste, también de Tecomán.
Se trata de una quinceañera que vivía con su familia,
y que nunca imaginó el padecimiento que le esperaba.
Un padecimiento que NO se lo iba a producir un ajeno,
sino alguien de su familia: su propio padre, quien
aprovechando que estaba ella sola en casa, la violó.
Y este pervertido, NO satisfecho con su vileza,
aprovechando cada vez que la mamá y el hermano se
ausentaban, amenazando a su hija de no contar
a nadie lo que le estaba haciendo, se dio le lujo de
seguirla violando casi durante… ¡dos años!
Y, ¿qué crees? Que lo que tenía que pasar, pasó.
La menor se embarazó. Se lo confesó a su mamá,
aunque diciéndole que su novio era el papá. NO podía
decirle toda la verdad. ¿Te imaginas lo que pasaba
por su mente? ¿NO poderle decir a su mamá que iba
a ser abuela de un hijo de su propio esposo? Pues,
ya muy desesperada, una amiga la aconsejó y por fin
se decidió a denunciar al mal padre a las autoridades.
Habiendo sido detenido y confesado su delito,
el violador pagará su castigo pasando diez años
en la cárcel. Pero el problema NO termina ahí.
¡Vacúnate!
Deja en su hogar un desbarajuste. Desde la cárcel,
ya NO los mantendrá. Su mujer y su hija tendrán que
trabajar para la familia, con todo y el nuevo chiquillo.
Le echó a perder la vida a su hija. Y chance hasta la
mujer lo deje y se divorcie, porque, ¿a poco después
de lo que hizo todavía esperaba visita conyugal?
viernes, 23 de noviembre de 2007
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