miércoles, 27 de febrero de 2008

Miércoles 27 de febrero de 2008

A simple vista, es lógico que alguien se impresione
al enterarse que el director de la API en Manzanillo,
José Luis Iberri, le encargó a una sola empresa,
a la de Rubén Álamo, dos de cada tres obras
y la mitad del presupuesto del 2007. Y lógico también,
que algunos más se acuerden junto con Álamo
de un amigo incómodo suyo, de mala fama.

Lo que NO es del todo lógico es que al margen
de que le sobren enemigos a ese amigo incómodo,
ya por eso las decisiones de la API a favor de Álamo
necesariamente tengan que ser algo prohibido.
Si como dice el alcalde de Manzanillo, esas decisiones
han sido legales, pues ahí muere, lo que hace que
los enemigos del incómodo tengan que esperarse
hasta mejor ocasión, para darle su zarandeada.

José Luis Iberri, haciendo a un lado algunos intereses
políticos y económicos válidos, de seguro que
los reclamos por tu preferencia hacia Álamo se deben
a que faltó información. Sobre todo porque
muy pocos conocen lo complicado que es edificar
obras portuarias, donde NO cualquier constructora
puede… aunque tenga ganas.
¡Vacúnate!
Aquí, parece que te queda una de dos:
o te vale madre lo que digan porque te asiste la razón,
o, juntas la ciencia de Leonardo da Vinci y la paciencia
del Santo Job, para que te pongas a explicarle
a medio Colima cómo se construyen, a gran escala,
instalaciones portuarias como las de Manzanillo.

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